XIV
LA
MESETA
“La Pedreja se sube, pero no se baja”
El
camino empieza a envalentonarse
Y
se cree un halcón ávido de cielos
Azules.
Son
las primeras rampas hacía la Pedreja
Y
el calor aprieta como una joven amante.
A
mitad del ascenso la subida se hace
Más
amable y mi mente comienza
A
desperezarse.
Antaño
estas tierras eran temidas por
Sus
lobos hambrientos y también por los
Bandidos
hambrientos, si cabe, pero
De
pertenencias ajenas.
Ya
en la cima y tras atravesar un amplio
Pinar,
la meseta, la gran meseta española
Nos
abraza, nos susurra cuentos de
Labranza,
nos acoge en su seno, nos anima
A
seguir.
Estamos
a mil cien metros de altura, y aquí
Los
pajarillos cantan a dúo viejos
Romances
a la luz de inmensos espacios
Abiertos.
Observo
a mi izquierda, encima de una ladera
A
un señor muy interesado en estas pequeñas
Aves.
Don
Dionisio es un enamorado de caminos
Y
cielos, de grandes arboledas y grandes
Melancolías.
Don
Dionisio lleva sangre del trabajado Sur,
Del
sacrificado Sur, del bello y cansado
Sur.
Le
pregunto hacia dónde va, y él sonriendo
Me
señala al horizonte y me dice que siempre
Hacia
donde un camino se pierda
Entre
la luna y las estrellas.
Viajemos
juntos, le digo, si no le importa.
Porque
la meseta es apropiada para grandes
Conversaciones,
para grandes amistades,
Para
cielos amables, para etapas infinitas.
El
camino de Santiago en estado puro…
Valen 2021.
XV
UNA
LUZ EN EL CAMINO
Entre
pinares el camino se vuelve
Agradable
bajada.
Don
Dionisio gran hacedor de nidos
Y
habilidoso trepador de árboles, me relata
Cómo
los va dejando por toda la geografía
Española;
aves agradecidas en el tierno
Ritual
del cortejo.
Aquí
y allá describe con una memoria
Asombrosa
a todo pajarillo que, no con
Disimulada
timidez, se nos acerca.
Llegamos
al monasterio de San Juan
De
Ortega, antaño oasis de magullados
Peregrinos
después de tan duras etapas.
San
Juan de Ortega fue discípulo de
Santo
Domingo de la Calzada y abrió
Un
hospital, auténtico faro defensor de todo
Amante
a las rutas eternas.
Sus
restos descansan en la iglesia que lleva
Su
nombre.
Cae
la tarde, y don Dionisio y yo
Descansamos
a la sombra de un viejo
Pórtico.
Aquí
se encuentra la llamada luz del camino,
En
los dos equinoccios y al atardecer un rayo
De
luz ilumina el capitel de la Anunciación,
Durante
ocho minutos dicho haz, va del vientre
Embarazado
de una María expectante, pasando
Por
San José, hasta la Natividad.
Todo
un simbolismo que alumbra desde la
Concepción
hasta el nacimiento.
No
es de extrañar, me comenta don Dionisio,
Que
San Juan de Ortega sea el patrono
De
las embarazadas.
Un
silencio acogedor mece al Ocaso, la luna
Pálida
y tímida perfila el horizonte,
Las
pocas nubes susurran versos de noche
Y
estío, el día cierra los ojos, todo está
Dispuesto
para soñar…
Valen 2021.
No hay comentarios:
Publicar un comentario