II
EL PUENTE DE LA RABIA
En Sorginaritzaga las hayas y los acebos
Protegen de un sol en todo lo alto.
Quizá vaya por donde las brujas
Como el viejo Don Camilo,
Son caminos mágicos (allí) el pasado
Y la leyenda se dan la mano antes
De llegar a Zubiri.
El valle me abre sus enormes brazos
De hierba y yo recorro sus pequeños pueblos
Anclados a otras épocas.
Pronto me encuentro con el puente
De la rabia, sabio y solitario como todos
Los puentes.
Tengo suerte, siempre llevo alguna oración
En mi vacía maleta de sueños.
Al cruzarlo se que todo le va a ir bien
A este modesto peregrino.
Creo que con el suave terciopelo
Del atardecer seguiré hasta Burlada,
Hay una Santa allí descansando por la
Que brindar en alguna taberna tranquila…
Valen 2020.
III
PAMPLONA
El río Arga abraza cálidamente a un campo
Repleto de huertas.
Desde aquí diviso la muralla y me siento
Un penitente de sendas realizadas,
Un verdadero peregrino envuelto
En civilizaciones muy antiguas.
Recorro las calles como un viejo corzo
Herido de atardeceres.
Es la primera ciudad grande, con su gente
En tránsito, con sus vidas como velas
Al viento, con sus almas ancladas a puerto.
Voy llegando a la catedral que ondea
Orgullosa en todo lo alto, como un pabellón
De fieles creyentes.
Pamplona es el camino en sí misma y su virgen
La guardiana de que este pobre trovador
De paisajes abiertos duerma hoy en paz.
La responsable, seguramente,
De que mañana, la Aurora, me cantará
Al oído otro amanecer, otros senderos,
Con su arpa de bruma y su bella voz de rocío…
Valen 2020.
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